Ahora bien, ¿Qué entendemos por ser “hombres de buenas costumbres? ¿acaso piensa el fumador que el no es un hombre de buenas costumbres? ¿y el bebedor consecuente, el que pretende conquistar a la esposa del vecino, el que busca ganancias exorbitantes en el comercio, el que paga comisiones a los empleados públicos para que lo beneficien con un contrato, el que miente descaradamente en un tribunal para no pagar su culpa o para dejar en la calle a una viuda, el que levanta falso testimonio… ¿Cuántos  de los antes mencionados pueden ser considerados de buenas costumbres?

Solemos ser muy condescendientes con nosotros mismos… pero el masón tiene que aprender a quitarse la careta y verse limpiamente en el espejo del alma… podemos llegar a condescender con las faltas de los demás, pero nunca con las nuestras… tenemos que convertirnos en críticos acérrimos, pero de nosotros mismos, no del prójimo… son nuestros propios actos los que debemos juzgar y no los de aquellos que nos rodean… tenemos que dedicarnos a sacar la inmensa viga que tenemos en el ojo y no estar pendientes de la pajita que tiene el vecino en el suyo…

 Hay otra definición de la masonería: “el estudio de la ciencia y la práctica de las virtudes…” y si detallamos cuidadosamente, nos vamos a conseguir con el hecho de que estas dos disciplinas van en relación directa con la verdadera libertad del hombre, ya que el estudio de la ciencia de las cosas del espíritu le va a proporcionar al masón el conocimiento de la verdad… y como ese conocimiento es lo que hace al hombre libre de pasiones y de vicios, nos encontramos con que esa práctica de las virtudes a que hace referencia la definición antes mencionada, se hará presente sin esfuerzo alguno cuando cese la ignorancia…

Claro está que mientras no hayamos alcanzado el conocimiento de nosotros mismos, tendremos por delante una lucha sin cuartel contra las pasiones, contra los instintos y los vicios que, confabulados, tratan, por todos los medios a su alcance, de que no salgamos de la ignorancia de creernos un cuerpo limitado e incapaz de percibir la omnipresencia divina que mora en lo más profundo de nuestro ser, y no es fácil porque le hemos permitido a la mente, nuestro mas útil instrumento o nuestro peor opresor, tomar las riendas de nuestro destino.

¿Por qué decimos que la mente puede ser nuestro más útil instrumento? Por la simple razón de que es a través de ella, bajo nuestro control, que lograremos trascenderla e ir mas allá… al otro lado de la mente, donde ella no puede llegar por ser finita y limitada, sin embargo, he allí el misterio de los misterios: debido a nuestra capacidad de calmar la mente, tenemos la posibilidad de trascenderla e ir un poco mas allá, al mundo ilimitado… al mundo donde solo puede percibirse la existencia, la consciencia y la bienaventuranza infinitas…

¿y por qué afirmamos que puede llegar a ser nuestro peor opresor? Pues muy sencillo, porque esa misma mente capaz de ayudarnos a trascender el plano de dualidad, puede también hacernos creer que solo lo finito existe… a ella no le conviene que seamos nosotros quienes llevemos las riendas, porque entonces perderá todo su poder y el dominio que tiene sobre nosotros. Por ese motivo es que la masonería va llevando al masón, paulatinamente a retomar las riendas de su vida y a ser dueño de sus actos.

 

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